Reseña: Recuerdos de un jardinero inglés
FICHA TÉCNICA
SINOPSIS
A través de una mirada nostálgica y profundamente británica, Recuerdos de un jardinero inglés narra la vida entera de Bert Pinnegar, un hombre sencillo cuya existencia se rige por el ciclo inmutable de las estaciones y el aroma de la tierra húmeda. Desde su infancia en la campiña hasta su madurez como jardinero jefe en la majestuosa mansión de la señora Charteris, la novela recorre décadas de anécdotas botánicas, premios en ferias locales y la silenciosa devoción por las flores en una Inglaterra que transita lentamente hacia la modernidad.
SOBRE EL AUTOR: REGINALD ARKELL
OPINIÓN
En una de mis visitas a la biblioteca de casa encontré este libro mal colocado en una estantería y me llamó la atención al instante por su preciosa portada. Además, después de tanta fantasía y misterio (mis géneros favoritos) me apetecía algo más tranquilo, una lectura pausada que me sacara de lo habitual. Quizá esta reseña resulte un poco controversial porque, cuando lo terminé y empecé a bichear opiniones de otros lectores, me di cuenta de que la mía es algo diferente. He visto muchas valoraciones de cuatro y cinco estrellas… y yo, sin embargo, no he podido darle más de dos. No me ha gustado (lo siento).
La verdad es que no tengo mucho que contar. Es una lectura amable, tranquila y bien escrita que cuenta la vida de un jardinero, Bert Pinnegar, un hombre solitario que desde niño ha sentido una gran pasión por las flores. En definitiva, se narran las anécdotas y recuerdos de toda su vida, dedicada exclusivamente a cuidar el jardín de la mansión de la señora Charteris.
"Para él todos los hierbajos eran flores, mientras que para los granjeros todas las flores eran hierbajos, así que había poca esperanza de llegar a un entendimiento. Nunca, nunca, se prometió a sí mismo, iría a la granja cuando dejara la escuela."
Su estilo es sencillo y se lee bastante rápido a excepción de algún fragmento en el que se emplea vocabulario botánico bastante técnico (disculpad que no entienda mucho de plantas). El ritmo de la trama se mantiene constante a lo largo de todo el libro pues no hay giros ni tensiones, y será un narrador omnisciente en tercera persona quien narre todos los acontecimientos de la vida de Bert desde que es un niño hasta que se jubila.
"En un jardín no se puede estar enfadado mucho tiempo."
He leído reseñas que intentan rescatar una moraleja sobre el valor del esfuerzo, pero yo no la he encontrado, esto no es una historia de superación. Bert no asciende por esfuerzo ni por una lucha contra los obstáculos de la vida, simplemente está en el lugar adecuado cuando el puesto de arriba queda vacante. No he visto una búsqueda activa ni una ambición que le mueva a mejorar. Si se dedica a la jardinería es porque simplemente le gusta y porque le aporta tranquilidad. La única enseñanza que podría extraer del libro es la filosofía de Herbert: hacer con alegría aquello que nos gusta esperando solamente la satisfacción personal. Aun así, no termina de convencerme.
"¿Por qué tenías que dejar de hacer algo que te gusta por el hecho de llamarse trabajo, y ponerte a hacer algo que no te gusta por el hecho de llamarse diversión?"
Por otra parte, y como señalaba anteriormente, a lo largo del libro se cuentan anécdotas de la vida de este jardinero hasta que, en un determinado punto, el libro decide acabarse. ¿Qué quiero decir con esto? Que, al llegar al final, la sensación no es la de haber completado un viaje, sino la de haber detenido la lectura en un punto cualquiera. Podría haber terminado en un capítulo anterior y el efecto habría sido exactamente el mismo. No hay transformación, no hay cierre, no hay algo “nuevo” que justifique el recorrido.
"Empezó a sentir un feroz resentimiento contra todas las cosas y todas las personas implicadas en ese absurdo empeño de destrozar la belleza del mundo que él había conocido."
En mi opinión, “Recuerdos de un jardinero inglés” es un libro tranquilo y ameno que no termina de decir nada. Lo siento como una sucesión de hechos, un retrato de alguien, un fragmento de vida colocado entre páginas, pero sin que nada de eso llegue a transformarse en significado. No pido giros sorprendentes, sobresaltos ni tensión, pero sí pido una razón para observar la vida de otro. ¿Por qué debería importarme si Bert planta flores o no? Si en algún momento se hubiera profundizado en los sentimientos e inquietudes de Bert, en esa soledad o en esa necesidad de aislamiento que nunca termina de explorarse quizá mi lectura habría sido distinta. Al ignorar los sentimientos y las inquietudes de sus personajes, la obra se queda en la superficie y en lo meramente anecdótico.
Es en la exploración de los sentimientos más básicos y en el subtexto donde reside la conexión, sin eso, solo nos queda una lista de tareas. Al fin y al cabo, son esas verdades invisibles las que realmente nos vinculan con las historias y, en última instancia, con nosotros mismos.






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